Comer sin pagar

Comentario a la primera lectura dominical – Domingo 18 del tiempo ordinario – Ciclo A

Por Karla Huerta M. y Mike van Treek N.

Is 55, 1-3; Sal 144; Rom 8, 35.37-39; Mt 14, 13-21

Vivimos un cristianismo conceptualista. En realidad vivimos en una sociedad de conceptos que en gran medida ha atrofiado sus facultades de imaginación. La inmensa circulación de imágenes por todas las pantallas que usamos habitualmente constituye, por la saturación que producen, una suerte de destrucción del símbolo «por exceso».

Para leer la Biblia se requiere imaginación. Se requiere de ella también para construir un mundo donde podamos comprender lo que el otro vive. ¿Hay algo más fundamental para la vida en común que ponerse en el lugar del otro? Sólo la imaginación permite la empatía.

En la primera lectura de este domingo, Isaías 55 pone en escena una voz particular. Es muy probable que esa voz sea la de un grupo de fieles de Israel que han experimentado el exilio en Babilonia y que están de regreso en Jerusalén. Se trata de un grupo que se siente víctima de la violencia política de un enemigo que los doblegó.

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La exaltación de Salomón

Comentario a la primera lectura dominical – Domingo 17 del tiempo Ordinario – Ciclo A

Lec

1Re 3, 5-12; Sal 118; Rom 8, 28-30; Mt 13, 44-52

Cada domingo, en la liturgia de la palabra se lee un conjunto de textos bíblicos que ha sufrido muy pocas modificaciones desde que se estableció la reforma litúrgica ordenada por el Concilio Vaticano II. Uno de los criterios fundamentales que condujo ese proceso fue que se lograra la lectura casi completa de los tres evangelios sinópticos, uno por cada ciclo. Estos tres evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) se leen de forma casi continua domingo tras domingo. Juan se lee saltado y los Hechos de los Apóstoles también se lee casi de corrido en los días de la semana.

La lectura continua debería ayudar a comprender de mejor forma la historia narrada por los evangelios, pero son pocos quienes se acuerdan el domingo de lo narrado 7 días antes. Muy pocas homilías toman en cuenta este criterio y no ayudan a seguir la historia que se está contando.

Los evangelios sinópticos son  parecidos entre ellos porque Marcos es la fuente principal que Mateo y Lucas usaron para escribir sus respectivas obras. No obstante las similitudes, son narrativas distintas, con acentos y conflictos propios. Captar la personalidad propia de cada evangelio requiere por tanto una lectura contínua que siga con atención, por ejemplo, el desarrollo de cada trama o los detalles de los personajes. Puede que a grosso modo cuenten la misma historia, pero la cuentan de modo diverso, el propósito de los evangelistas es distinto, y buscan en el lector efectos así también diferentes. Incluso los personajes están construidos de forma distinta en un evangelio que en otro.

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