Rembrandt - Jeremías lamenta la destrucción de Jerusalén Rembrandt

Dios se deja ver

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Comentario a la Primera Lectura del Domingo 21 del tiempo ordinario – Ciclo A

Por Karla Huerta y Mike van Treek

Lecturas: Jer 20, 7-9; Sal 62; Rom 12, 1-2; Mt 16, 21-27

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste, y me violaste. Yo era motivo de risa todo el día, todos se burlaban de mí.  Si hablo, es a gritos, clamando: ¡violencia, destrucción!, la Palabra del Señor se me volvió escarnio y burla constantes,  y me dije: No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre. Pero la sentía dentro como fuego ardiente encerrado en los huesos: hacía esfuerzos por contenerla y no podía.

Jer 20,7-9

Oía el cuchicheo de la gente: Cerco de Pavor, ¡a delatarlo, a delatarlo! Mis amigos acechaban mi traspié: A ver si se deja seducir, lo violaremos [raíz hebrea lqj, tomar.] y nos vengaremos de él. Pero el Señor está conmigo como fiero soldado, mis perseguidores tropezarán y no me vencerán; sentirán la confusión de su fracaso, un sonrojo eterno e inolvidable. Señor Todopoderoso, examinador justo que ves las entrañas y el corazón, que yo vea cómo tomas venganza de ellos, pues a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró al pobre del poder de los malvados. ¡Maldito el día en que nací, el día que me parió mi madre no sea bendito!  ¡Maldito el que dio la noticia a mi padre: Te ha nacido un hijo, dándole un alegrón! ¡Ojalá fuera ese hombre como las ciudades que el Señor trastornó sin compasión! ¡Ojalá oyese gritos por la mañana y alaridos al mediodía!  ¡Por qué no me mató en el vientre! Habría sido mi madre mi sepulcro; su vientre me habría llevado por siempre.  ¿Por qué salí del vientre para pasar trabajos y penas y acabar mis días derrotado?

Jer 20,10-18

Algo del contexto histórico

La situación geopolítica de Israel es crucial para entender muchos temas tocados en la literatura bíblica. Israel se encontró en casi toda su historia como una nación colonizada o sometida a otras grandes potencias: Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia o Roma. Son muy pocos y breves los períodos de relativa independencia. El gran valor geopolítico de Israel es estar en medio de Egipto y mesopotamia (Asiria, Babilonia), pues al ser paso casi obligado de las tropas militares de uno u otro imperio. Este valor deriva de aquella posición estratégica como frontera ofensiva o defensiva y estación de abastecimiento. Israel osciló durante la monarquía entre ser vasallo de Egipto o bien de Asiria o Babilonia.

En la época de Jeremías (627-586 [todas las fechas usadas aqui son a.e.c.]) sólo existe el reino del sur, Judá con su capital Jerusalén. El reino del norte de Israel y su capital Samaría habían sido destruidos en por los Asirios en el año 721.

Judá, reino donde entregó Jeremías su mensaje, estuvo sometido a Asiria pagando tributo hasta que el poder de este último decae tras la muerte de Assurbanipal en 621. El rey Josías de Judá inicia una reforma religiosa y logra cierta independencia de Asiria debido a su decadencia y desaparición en 610, en manos de la ascendente Babilonia. Al año siguiente 609, muere Josías en la batalla de Meguido.

Luego de un corto reinado de Joacaz, su sucesor Joaquín decide no pagar el tributo que debía a Egipto y es asesinado por sus adversarios políticos. Lo sucedió Jeconías, quien gobernó por solo  tres meses hasta que Nabucodonosor, rey de Babilonia sitia Jerusalén y deporta a Babilonia a un primer grupo habitantes de Judá. Coloca como rey títere a Sedecías, tercer hijo de Josías. El 586 luego de un intento de rebelión de Sedecías se produce el sitio y destrucción de Jerusalén y la segunda deportación (la más famosa y numerosa, el exilio).

Durante su reinado, sedecías se encuentra entre dos frentes políticos. Por una parte, el partido egiptófilo que le pide aliarse con Egipto para derrocar a los Babilonios y así obtener algo de libertad política. Por otra parte, Jeremías cuyo mensaje es que la deportación en Babilonia debe ser aceptada como parte del plan de Dios de castigar por haber sido infieles a la alianza: «Si te rindes a los generales del rey de Babilonia, salvarás la vida y no incendiarán la ciudad; viviréis tú y tu familia», le dice Jeremías a Sedecías. (Jr 38,17).

En resumen, el contexto político de oriente durante la predicación de Jeremías es convulso e incierto. Momentos de cambio cultural y de fuerte disputa de poder que influyen drásticamente en la política de los pequeños reinos como el de Judá.

En este contexto histórico, Jeremías predica que Dios castiga a Israel mediante el poder del imperio babilónico, así que lo que corresponde es la aceptación de esa voluntad y, por tanto, el sometimiento político a Babilonia. Este mensaje es impopular para gran parte de los habitantes de Judá. Este mensaje está codificado en el lenguaje matrimonial: israel es una mujer adúltera cuyo esposo, Adonay, la llama a volver a su lado. Esta metáfora, muy común en Oseas y Ezequiel, recurre en algunas ocasiones a una expresión verbal extremadamente violenta usando el castigo físico y la humillación de la mujer por parte de su esposo violento. Jeremías tiene episodios donde se usa este lenguaje patriarcal y violento.

Contexto literario

El texto corresponde a una serie de segmentos autobiográficos de Jeremías, las confesiones de Jeremías. Este es el quinto y último y el más terrible e incomprensible. ¿A qué experiencia de su vida hace referencia? No se puede saber a ciencia cierta, pero Luis Alonso Schökel se imagina que la pieza dice relación con Jer 38,1-13, una situación donde a Jeremías lo torturan altos dignatarios políticos opositores del rey Sedecías metiéndolo en un pozo de barro porque el mensaje -someterse a Babilonia porque es la voluntad de Dios- no convenía a la política que querían llevar.

El vocabulario más significativo de este texto está tomado del ámbito de la violencia sexual, violencia que se orientaba principalmente contra las mujeres. 

«Seducir» Raíz hebrea pth. Significa abrir, persuadir, engañar. El significado aquí es similar a este verso del Éxodo: «Cuando alguien seduzca (pth) a una muchacha soltera y se acueste con ella, pagará la dote y la tomará por mujer» (Ex 22,15). En la historia de Sansón le piden a una mujer que lo seduzca para averiguar el secreto de su fuerza: «Los príncipes filisteos fueron a visitarla [a Dalila, una mujer de la cual Sansón se había enamorado] y le dijeron: Sedúcelo y averigua en qué está su gran fuerza y cómo nos apoderaríamos de él para sujetarlo y domarlo. Te daremos cada uno mil cien monedas de plata» (Jue 16,5). Seducir y engañar no se distancian en este último caso, tampoco en el de Jeremías. Es un engaño verbal, tal vez son palabras bonitas que no se condicen con la realidad, como dice el salmista: «Lo adulaban (pth) con la boca, le mentían con la lengua» (Sl 78,36). Lo mismo afirma el sabio en Proverbios: «Hijo mío, si intentan engañarte (pth) los pervertidos, no accedas» (Pr 1,10). En Oseas encontramos esta referencia: «Efraín es ingenua paloma atolondrada (=ingenua; pth): piden ayuda a Egipto, acuden a Asiria» (Os 7,11). En este texto la palabra expresa desde un punto de vista psicológico la condición del engaño: la ingenuidad.

«Violar» Raíz hebrea jzq. La raíz significa forzar, ejercer fuerza. Es parte del lenguaje de la violencia sexual. Ambos términos se refuerzan aquí mutuamente. Tal como en la narración de la violación de Tamar por parte de su mediohermano Amnón: «Pero Amnón no le hizo caso, la forzó (jzq) violentamente y se acostó con ella» (2Sa 13,14). Lo último también se puede traducir como: «se impuso por la fuerza, la doblegó y la violó».

«violencia» en hebreo jamas. Es el término que expresa la violencia en tanto acto criminal o contrario a la ley. La violencia que puede ser punible.

«devastación», en hebreo shor. Connota la devastación o destrucción como consecuencia de una acción violenta y en cierta forma también punible: «La violencia de los malvados los acecha porque se negaron a respetar el derecho» (Pro 21,7), como diciendo que la devastación sufrida puede ser consecuencia del mal ejercido.

«lo violaremos», en hebreo lqj, tomar]. La connotación sexual sólo es evidente en el contexto y en relación con las otras palabras del texto.

¿Cómo comprender el uso de este lenguaje violento?

Como dicho anteriormente, Jeremías representa la relación entre Dios y su pueblo con una metáfora conyugal: Dios es el esposo engañado por su esposa Israel. Como esposo la busca, le ofrece perdón, pero también la maltrata públicamente, la humilla. El maltrato verbal que se realiza con la metáfora es chocante, inaceptable. Se habla de textos derechamente pornográficos (pornoproféticos, les llaman en la literatura especializada) en Oseas y Ezequiel. En Jeremías tenemos un ejemplo en el 13, 20-27. Dios levanta la falda de Jerusalén para exponer sus genitales y así humillarla y castigarla frente a todos. El v. 27 enumera metafóricamente las culpas: «tus adulterios, tus relinchos (=jadeos de placer), tus pensamientos de fornicación. Sobre las colinas del campo he visto tus abominaciones. ¡Ay de ti, Jerusalén, que no te purificas!» (Jer 13,27).

Jeremías habla del sufrimiento de Israel (exilio) desde una experiencia de la vida de las mujeres, la agresión sexual. Esto significa que los autores de los textos eran perfectamente conscientes del significado de la violencia sexista de la cual hacían uso para expresar sus ideas. Esto hace imposible exculpar el uso de la violencia verbal.

La exégesis feminista ha resaltado que este tipo de imagenes reafirman los roles de género (mujer infiel; varón fiel) donde la ruptura de la alianza es una «cuestión de mujer». La violencia sexual sufrida por las mujeres se presenta como  consecuencia de su propio comportamiento considerado lascivo (Gerlinde Baumann [2003], Love and Violence: Marriage as Methaphor for the Relationship between YHWN and Israel in the Prophetic Books).

¿Cómo leer estos textos en época de toma de conciencia feminista?

Jeremías ve a Dios desde la experiencia que los destinatarios de su mensaje le han transmitido: ve a Dios desde la violencia que otros ejercen contra él en nombre de Dios. La coincidencia de vocabulario entre el discurso sobre el Dios de Jeremías y el discurso de sus detractores no es exacta, pero es suficientemente clara. A partir de su experiencia como víctima de la violencia que ejercen contra él, Jeremías reinterpreta su propia historia y relación con Dios. Llega a pensar que su labor como profeta fue un engaño de Dios, quien lo sedujo para «abrirlo» (raíz pth), para ponerlo y abandonarlo en la situación de sufrimiento y tortura que está viviendo como consecuencia de su anuncio. Que Dios buscó «seducirlo» y «tomarlo» (Luis Alonso Schökel traduce «violarlo» para hacer visible la coincidencia del campo semántico sexual) para una misión, pero luego lo abandonó. Se percibe usado, como un objeto sexual por la vejación que probablemente padece, y en ello, objetualizado y desechado también por Dios quien lo llevó a esa situación, hasta incluso identificarlo como el autor mismo de la agresión.

Jeremías está inmerso en una situación de violencia, atravesada por ella, presente en todos los niveles de la sociedad de Oriente Antiguo en un momento de reordenamiento político, tal como se ha descrito más arriba. Jeremías formula su experiencia de Dios desde la situación vital en que se halla. No puede crear un lenguaje sobre Dios totalmente desafectado por la experiencia padecida. En efecto, incluso la enunciación de su pasado, de su gestación, se ven atravesados por este lenguaje violento que en ese caso se adopta además en contra de sí mismo y su madre, deseando que ella fuera su sepulcro.

El riesgo de Jeremías, y en eso no es distinto a cualquier otro ser humano, es tomar esa visión parcial de Dios para convertirla en una visión total de él. Es el riesgo de idolatría. En otras palabras, el riesgo es considerar que la representación de Dios está hecha con autonomía e independencia del contexto político y social. Nos parece que ahí se encuentra una clave de lectura para un lector contemporáneo de estos textos. La violencia está expuesta en el texto y el lector tiene la oportunidad de explorar las condiciones de aquella violencia, de analizarla, de comprenderla a fin de ponerle freno, de no sucumbir a ella. La experiencia configura el lenguaje del texto, dijimos un poco más arriba. Pues bien, una lectura fundamentalista haría lo contrario, justificar la experiencia de la violencia en base a los textos, pero aquello supondría que los textos contienen una verdad incuestionable y absoluta sobre Dios, cuestión que no es posible sostener.

Por otra parte, el texto permite apreciar en Jeremías una progresión en la elaboración de su experiencia. Parte anunciando una violencia y devastación sin que nadie le crea, se burlan. La reacción se intensifica y buscan seducirlo/abrirlo y tomarlo por la fuerza. Esa experiencia la proyecta en Dios: que lo engaña/abre/seduce y fuerza/viola. Jeremías tomó la experiencia de la vida de las mujeres para enunciar su relación con Dios. ¿Se siente feminizado y humillado como en Ex 22,15? Parece que sí. Podría citarse a Job: «Grito: Violencia, y nadie me responde; pido socorro y no me defienden» (Job 19,7).

Luego, sin abandonar la visión de un Dios que ejerce la violencia, aparece una transformación: Dios está como fiero soldado a su lado. De violento agresor pasa a verlo como violento defensor y vengador. Pese a que los perseguidores se tropiezan o tambalean por sí mismos, que fracasa su proyecto sin que tenga que intervenir algún tercero y que están humillados, solicita la venganza de Dios sobre ellos. De presentar el deseo de ser él aniquilado por Dios, pasa al deseo de aniquilar a los derrotados. Dicho de otra manera, el texto es una suerte de laberinto de espejos en los cuales la violencia experimentada se refleja, se aumenta y tiñe toda la formulación de la vida, incluso la relación con Dios.

La Biblia al presentar un Dios violento coloca a sus lectores al frente de su propia violencia y lo invita a examinarla, a analizar sus causas y consecuencias. Dios no rechaza ser visto desde esta óptica, no rechaza su representación (que será siempre parcial, es decir, incompleta, pero no totalmente falsa).

¿Por qué Dios se deja ver con los ojos de la violencia? No podría  querer transformar esa violencia en otra cosa sino es por medio del examen de ella, pues, como dijimos anteriormente al citar a Paul Beauchamp en otro comentario, el principal recurso de la violencia es su disimulación u ocultamiento. En este sentido, el libro del profeta Jeremías nos sirve como una buena guía sobre las causas y las consecuencias de la violencia. La literatura bíblica sobre la violencia nos ofrece la posibilidad, por medio de la imaginación, de situarnos en contextos difíciles y aprender de ellos para anticiparnos ante el riesgo cierto de experimentarlos.

Puedes escuchar la versión podcast de este comentario en la siguiente página.

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4 comentarios

  • Excelente presentación, tanto del contexto histórico del texto comentado de Jeremías, como del trasfondo del sentido del texto…. Se ve ahí con fuerza el carácter encarna torio del texto bíblico y no meramente «edificante». El texto nos ubica así en nuestros propios contextos históricos de abuso de poder, particularmente en referencia a la mujer… Da que pensar tu explicación Mike. Muy bueno el aporte.

  • Mike, Karla… Gracias por esta reflexión, provocadora… Me dejó con el corazón apretado. Pero qué buena pista, el de reconocer y evidenciar nuestras propias violencias, para que se produzca una transformación que nos libere y haga más humanos, al modo de Jesús

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