El fin del clero

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Después del 18 de octubre, que es un día que constituye un hito en la historia de Chile -el día del #ChileDespertó- el clero de la Iglesia católica quedó aislado socialmente, destinado definitivamente a la irrelevancia social. La historia le pasó por encima otra vez.

Al clero no le interesan las víctimas. No tiene ojos para ella, ni oídos. Las declaraciones episcopales y curiales que circulan reproducen una lógica eclesiástica caduca, aquella en la cual se le intenta dar la razón a ambas partes sin siquiera existir dos bandos en la realidad. Son declaraciones genéricas donde, con una ingenuidad que raya en la tontera, se rechaza la violencia «venga de donde venga». Mi lectura es que no se trata simplemente de una incapacidad de comprender el momento presente. Hay, por supuesto, una falta de empatía con las víctimas y esto a pesar de que en aquellos documentos se citan documentos de ellos mismos que parecieran decir lo contrario, pero creo que hay algo más perverso en esos discursos.

Lo que leo en los documentos es algo más abismante. Es un encierro en una ideología clerical. Ni siquiera los curas de campamentos son capaces de verlo. El clero se ha alineado discursivamente con el 10% de la población que cree que o no hay violaciones a los derechos humanos en Chile hoy o creen que es el precio a pagar por restablecer el orden público.

Eso es lo que da a entender el Presidente de la Conferencia Episcopal Santiago Silva Retamales, Obispo Castrense y negacionista de las violaciones a los Derechos Humanos de la dictadura de civiles y militares cuando durante la permanencia de las FF.AA. en las calles envía una carta felicitándolos y agradeciéndoles por sus acciones. Es lo que da a entender el silencio de la Jerarquía frente a los informes que verificaron las violaciones a los DD.HH. en Chile en estos últimos meses. Es lo que da a entender el alineamiento con el reducido sentido común de la élite conservadora.

Hace un par de días, en una columna publicada en el diario El Mercurio de Valparaíso, el cura Gonzalo Bravo fustigaba el paro de la Salud porque, según él, usaba la vida de los enfermos como moneda de cambio para obtener mejoras laborales. No es un cura que no sepa que la salud pública está en crisis por el abandono histórico por parte del propio Estado. Lo sabe, pero prefiere lanzar sus dardos contra los trabajadores ya precarizados.

Lo que creo que ha pasado es que el clero de Chile quedó casi sin feligreses. En esta Revuelta de 2019 no pudieron capitalizar en credibilidad. No lo pudieron hacer porque el Chile Despierto se liberó del encatamiento de su discurso evangelizador. El único sector al cual le pueden hablar es a esa masa residual de derecha que opina por ejemplo que los paros de la salud son injustificados, que piensa que los pobres tienen que trabajar sea como sea para reestablecer el orden público y la normalidad, aún cuando las indignantes condiciones de vida y de trabajo no se hayan modificado en lo sustantivo.

El clero con su discurso apunta a administrar la poca feligresía que le va quedando. Hace poco, en el apogeo del estallido social, el obispo Fernando Ramos viralizó un video para contar de su alegría de que curas de La Cofradía hayan sido exculpados por la fiscalía de haber cometido delitos. A esta conclusión se llegó -lo omite en su video- luego de que se lograra remover al Fiscal Arias de la investigación. Su alegría es altamente disonante con la indignación de Chile y aparece alineado con la conspiración anti fiscal Arias, que tenía a los obispos de Chile en la cuerda floja.

Este discurso corresponde a otra sintonía, le habla al fiel residual que anhela la Iglesia de antes, la que canta «A Dios queremos en nuestras leyes, en las escuelas y en el hogar». La Iglesia del orden. En el fondo, estos discursos muestran cómo la Iglesia se ve a sí misma. Aún se ve como una institución tradicional de la sociedad, como el Estado y sus las Fuerzas Armadas. Se ve así misma como garante de un orden, como contenedora de los pactos que sostienen funcionando la economía (esta economía extractivista neoliberal de consumo), la familia (la heteronormada) y la política (la desprestigiada forma actual de hacerla). El clero, aislado en su ideología, no logra darse cuenta, o no se atreve a reconocerlo, que esas instituciones se hunden descomponiéndose (¡por fin!).

Si es cierto que el clero se ve a sí mismo de esta manera, ya no estamos frente aun clero seguidor de Jesús ni asistido por el Espíritu Santo, como dicen ellos mismos que lo están. Es un clero que reproduce la postura política y religiosa de los Saduceos: judíos acomodados a los beneficios económicos y políticos de los imperios que los gobiernan. Por supuesto que es una opción válida. Les proporciona una vida de bienestar y privilegios (¿han visto un cura morir en un hospital público por falta de atención o vivir con la Pensión Básica Solidaria? ¿A qué urgencias van cuando están enfermos?). Su opción les permitirá vivir así un tiempo más, al menos mientras el pueblo de Chile no cambie su Constitución y en ella decida otra cosa o el clero se siga extinguiendo como lo viene haciendo hace más de 50 años.

3 Comentarios

  1. Si he visto a curas a vivir con el minimo… si he visto curas marchar… ojo no es todo el clero… estoy de acuerdo perdio su oportunidad… no todos son iguales

  2. Excelente columna!!
    la curia indolente con el dolor del pueblo, de homilías insípidas ajenas al verdadero espíritu evangélico.

    Muchas gracias Mike por esta columna y este espacio para los que buscamos una teología distinta

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